BlogExplosión en 121

Explosión en 121

Si para algo es bueno Facebook, es para refregarnos en la cara el tiempo que ha pasado.

“Esta es una memoria que creemos que te gustaría compartir” leí hace unos días sobre la foto que publiqué exactamente 10 años atrás cuando mudamos 121 a nuestra oficina actual en una de las casonas más antiguas de Miraflores, donde según cuenta la anécdota, se guardaron las armas para uno de los golpes de estado que se dieron el siglo pasado.

Pero lo realmente anecdótico sucedió una noche años antes en la casa roja que dejamos en Roaud y Paz Soldán en San Isidro, a esa hora en la que esta callecita revienta por los estudiantes y el tráfico que circula entre las avenidas Camino Real y Conquistadores.

Eramos nuevos en el barrio y no superábamos las 15 personas en un espacio para más de 40. Para que los clientes nos percibieran más grandes, nos instalamos en el primer piso inmediatamente después del ingreso. Desde fuera se podía ver, a través de las 3 ventanas en forma de arco, al equipo trabajando mientras los teléfonos sonaban y las ideas iban y venían.

De pronto una explosión nos sacudió. El vidrio catedral de la puerta principal estalló y un proyectil hizo un gran agujero en la pared del recibidor. En una desesperada reacción el equipo se lanzó sobre la alfombra y se arrastró hasta el jardín interior.

Afuera los autos estaban detenidos y la gente paralizada. En el muro de la fachada, junto a la puerta, se veía otro cráter aún más grande a escasos centímetros del ventanal tras el cual se sentaba el director de arte. De un antiguo Toyota Célica en medio de la pista, bajó con las manos y la ropa llenas de grasa un flaco que miraba su auto y se tocaba el cuerpo como queriendo saberse completo.

El hallazgo de un fragmento de acero de fundición junto a la puerta de la oficina, y otro similar dentro de la recepción, ayudó a desenredar el misterio. Mientras unos aún se recuperaban del ataque de nervios, otros descubrían que se trataba de pedazos de la caja de cambios de un muscle car recién adaptada al Celica, que explotó cual granada disparando violentamente resortes, engranajes y otras piezas metálicas alrededor. Milagrosamente nadie salió herido.

La brutal sorpresa de esa noche coincidió con el final de los años de tranquilidad de la publicidad. Nadie imaginaba que poco después la explosión de Facebook, Youtube, Twitter, Netflix, Amazon, TikTok, etc. redefinirían el panorama de nuestra industria. Menos aún que el consumidor tomaría el control de la relación con las marcas y que la comunicación se fragmentaría entre cientos de medios y plataformas. 

Esa casa de la memoria de Facebook de hace diez años recibió a un equipo de 121 que aprendió a enfrentar sorpresas, navegar en la incertidumbre y abrazar cambios. Hoy mientras fantaseo con el día en el que todo esto acabe y regresemos a trabajar juntos a nuestra querida casa blanca, tengo la tranquilidad de que lo haremos en una nueva versión mejor preparada como resultado de la experiencia inédita que una vez más estamos viviendo.

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